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Hablemos positivamente con los mayores

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Comunicarnos desde el corazón con nuestros mayores

Sabemos que la comunicación es primordial en las relaciones humanas. Nos ayudan a entender y a comprender todo lo que sucede a nuestro alrededor, cómo nos sentimos y lo que deseamos para sentirnos mejor. Sin embargo, el estrés, la rutina, el trabajo, nuestro día a día, hace que no sea fácil hablar de forma positiva y constructiva con los demás y en especial con nuestros mayores. 

Sabemos que en la vejez tienen lugar una serie de cambios a nivel cognitivos, físicos y emocionales. Estos a la vez, van influenciados por la pérdida de la comunicación. Aparecen limitaciones a nivel del pensamiento, y sensoriales (pérdida de visión, gusto, olfato, oído). Por este motivo, con ellos debemos de tomar una serie de pautas y recomendaciones, para que nuestra comunicación sea de forma positiva y les permita tener un equilibrio emocional. 

Para hablar de la comunicación, debemos destacar el lenguaje verbal y no verbal. El verbal, es aquél que mediante la palabra nos permite mantener una conversación con nuestro familiar y que nos comprenda y entienda a su alrededor. Esta, tiene que ser de forma agradable y sin dañar a la otra persona. El lenguaje no verbal, es aquél que nos permite comunicarnos mediante nuestra expresión facial, nuestra postura e incluso haciendo gestos. Mediante la comunicación no verbal, también estamos expresándonos nosotros mismos. Cómo nos sentimos y como vemos nuestro mundo. 

Para ponerlo en práctica y conseguir una comunicación positiva con nuestros mayores y facilitarles la conexión en el entorno, podemos seguir la regla de las cuatro técnicas primordiales. 

  • No usar imperativos. Todos podemos tener un día más pesado y estar cansados y sin ser conscientes decir: “cállate”. Debemos ser conscientes que nuestro familiar puede sentir malestar i sin saber si le están regañando porque han hecho algo malo. Es conveniente sentarse con él, preguntar qué le sucede, como le ha ido el día, acompañarlo a que se exprese siempre en la medida de lo posible. Dedicarle tiempo suficiente para que pueda expresarse. 
  • Comentarles aspectos agradables y positivos para aumentar y motivar su estado de ánimo. Si les comentamos algo desagradable, les estaremos focalizando nuestro estado de ánimo. Sin embargo, cuando hablamos de aspectos que nos gustan o nos apetecen, les potenciamos ese pensamiento positivo para aliviar sus malestares. 
  • No usar etiquetas, ya que les provoca mucha frustración. Muchos de ellos son conscientes de sus limitaciones, pero aún pueden ser capaces para realizar muchas actividades significativas, aunque sea con ayuda externa. Esto, les empuja y les motiva para poder hacer muchas otras cosas y subir la autoestima si no se sienten obligados o incapaces por sus pérdidas facultativas. 
  • Sin empatía no podemos tener una buena comunicación con nuestros mayores. Siempre debemos ponernos en el lugar del otro para saber si estamos haciendo lo correcto o no, en un determinado momento. De esta forma, se sentirán más comprendidos y aumentaremos su autoestima y confianza para desenvolver sus tareas o realizar sus rutinas. 

Así pues, nuestro lenguaje con ellos debe ser con un volumen, tono y ritmo adecuados. Dar instrucciones de una en una, frases concretas y directas, ayudar dando dos o tres opciones de respuesta. Pero también, teniendo en cuenta nuestro ambiente. Es decir, fuera de ruidos e interferencias que puedan dificultar la comunicación. 

Un ejemplo muy destacado hoy en día, es el caso de los móviles. Estos, han ayudado para mejorar la comunicación y estar más conectados, sin embargo, tiene un arma de doble filo que hay que saber frenar. Es importante, que mientras estemos con nuestros mayores, focalicemos la atención en ellos y en lo que nos cuentan. Si miramos el móvil mientras nos hablan, no se sentirán comprendidos y aumentará su frustración y malestar. Algunos nos lo pueden comunicar, sin embargo, otros no lo podrán hacer por otros motivos. Es decir, es muy común encontrarnos a muchos de nuestros mayores que por cuestiones de la vejez, han perdido toda capacidad del habla. Todo así, es primordial que les hagamos entender lo importante que es que puedan expresarse de la manera que sea. Una mirada, un gesto, puede indicarnos como puede estar nuestro familiar. 

La conducta, es a menudo la forma de comunicarse más habitual. Por ejemplo, una persona mayor que remueve cajones y armarios, quizás nos está intentando decir que ha perdido un objeto muy preciado. O, por otro lado, una persona mayor que se pone agresiva durante las higienes, nos puede dar a entender que en ese momento no quiere ducharse o se siente avergonzado. En estos ejemplos, podemos practicar algunas pautas para intervenir. Entre ellas, poner mucha fuerza y énfasis en la forma con la que nos comunicamos con nuestro familiar, vigilar nuestra conducta (contacto visual, sonreír, cogerles la mano…). Esto, acompañado de estimulación con actividades significativas podemos potenciarlo al máximo. Con la música, usando fotos e imágenes visuales y sobretodo, dedicarles la comprensión, el tiempo y la paciencia que necesita cada uno de ellos. 

Como podemos ver, la gran mayoría de nuestros mayores necesitan unos cuidados especiales. Pero no todo se resume a la atención física, sino también a la emocional.  No hace falta que los tratemos como niños, ya que pueden sentirse ridiculizados, pero sí que, mostrando afecto y cariño, podemos mejorar el estado general de nuestros familiares y nuestro mismo estado. Ya que, el beneficio de realizar una comunicación positiva lleva a que tengamos una mayor capacidad para resolver los problemas que se nos puedan presentar en la vida diaria, mayor concentración en el trabajo y no consumimos energía en pensamientos negativos. 

Como diría el psicólogo y escritor Martin Seligman: “Los hábitos de pensamiento no tienen por qué persistir para siempre. Uno de los hallazgos más significativos de la psicología, es que los individuos eligen su forma de pensar. La buena noticia es que hay un gran número de circunstancias internas bajo nuestro control voluntario. Si decidimos cambiar, nuestro nivel de felicidad es probable que aumente de forma exponencial y duradera”. 

Con estos pequeños cambios podemos conseguir una comunicación positiva con nuestros mayores y mejorar la vida de ambos.

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